|
|
 |
 |
 |
  |
|
 |
|
Treinta y uno:
Aterrizaje forzoso
 |
 |
|
Miércoles 4 de Noviembre de 2009
Por Consuelo Aldunate
¿Por qué me gustará tanto hablar? ¿Por qué no sabré cerrar la boca en el minuto preciso, y me gustará tanto dar la lata, decir todo lo que va pasando por mi cabecita, sin que nadie me lo pida? Para mí, todo lo que sea planificar, se me hace complicado. Imposible, para ser más honesta.
Resulta que mi relación libre con el Bueno iba viento en popa, hasta que decidí hablar. Estábamos levantándonos para ir al trabajo, un poco apurados, cuando yo decidí sacarme el filtro y meter la pata.
Con el champú en la cabeza, analicé mi conducta y llegué a la conclusión de que sin escuchar los consejos de mis más cercanos es cuando mejor me va en la vida. Resultaba evidente que al hacerle caso a mi corazón, mi vida se mantiene viento en popa. Mareada con el olor al acondicionador Tigi, y con el amor propio por el cielo, salí del baño y me encuentro con que el Bueno me había preparado una bandeja con el desayuno.
Y ahí todo hizo clic. Mientras estuvimos oficialmente juntos, nunca se portó tan bien. Ahora, en cambio, es el hombre perfecto. Quizás mi carácter relajado lo conquistó sin vuelta.
En el séptimo cielo, entregada a mi felicidad, abrí la boca:
-Me encanta esta nueva etapa de nuestra relación. Ahora que no estamos oficialmente juntos, estás convertido en el mejor pololo del mundo. Haber sabido que el compromiso te tenía idiota, te juro que te pateo por lo menos unos tres meses atrás.
El Bueno dejó de arreglarse el nudo de la corbata, se dio vuelta y me quedó mirando fijo.
-Todo el mundo me dijo que trapeaste el piso conmigo, que me humillaste, que te merecías todo el maltrato del mundo... y resulta que ahora, nos entendemos perfecto. No hay rollos: no me postergas, no me dejas noches enteras esperando que te desocupes, ¡hasta el tema de tu hijo está superado! Me gustas mucho más como novio ahora que hace un par de semanas.
El Bueno se sienta a mi lado y me mira fijo un rato antes de traerme de vuelta a la realidad: "Consuelo, nosotros no tenemos una relación... somos amigos que lo están pasando bien y que se entretienen juntos. No hemos vuelto como pareja y por favor te pido que dejes afuera de nuestras conversaciones al Pablo.
Luego, se para y lo siento tan frío, tan impersonal, que entiendo que nuestra relación, si puede llamarse así, quedó hasta acá. Todo por culpa de mi tremenda bocota.
|
|
|
|